EL FILÓSOFO DE
GÜÉMEZ
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Por Ramón Durón
Ruiz
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Alem dijo: “Son esas luchas, esas nobles rivalidades de los partidos, las que
engendran las buenas instituciones, las depuran en la discusión, las mejoran
con reformas saludables y las vigorizan, con entusiasmos generosos, que nacen
al calor de las fuerzas viriles de un pueblo.”
Una
vez concluido el fragor de la Revolución Mexicana, México pasó de un país de
caudillos, a una nación de instituciones democráticas, políticas y sociales, en
donde el sentido final de estas, ha sido el continuo servicio a la ciudadanía y
el aprendizaje para no dejar de crecer y ser mejor.
En
México, las instituciones se han consolidado gracias al trabajo eficaz, a la
disciplina, a la pasión con la que se sirve. Las instituciones que perduran,
son aquellas que eficazmente se adecuan al ritmo de los tiempos, en las que sus
operarios saben, bien que saben, que son factor clave de la armonía en el
conjunto y del progreso político, económico y social.
En
el siglo XIX, al obtener por derecho propio nuestra independencia, bajo el
impulso creador del Estado Mexicano, surgieron nuestras primeras instituciones:
los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, los Estados, los Municipios.
En
el siglo XX, el genio del mexicano supo fraguar nuevas instituciones
económicas, financieras, políticas y sociales: el Banco de México, la
Secretaría de Educación, la SSA, el IFE, la UNAM, el ISSSTE, PEMEX, el IMSS,
etc. este con la férrea resistencia de empresarios.
El
Instituto Mexicano del Seguro Social, desde la década de los cuarenta, ha sido
ejemplo de servicio y de institucional solidaridad, para millones de mexicanos.
El día de ayer pude constatar la eficiencia, calidad y calidez humana, con la
que a pesar de la escasez de recursos económicos, –de las que nuestras
instituciones nacionales sufren– se atiende, ¡y se atiende bien!, a sus
derechohabientes.
En
mi tierra, llamado por un amigo llegué a urgencias del IMSS, en donde se
encontraba hospitalizado Isao Nakamura, maestro de karate, que hace más de
treinta años llegó de tierras del sol naciente, para radicarse en nuestro
terruño y enseñar artes marciales a miles de niños y jóvenes.
Aunque
su estado de salud es estable, se encontraba grave, se requería que fuese
trasladado con urgencia a la clínica 25 de especialidades del IMSS, de
Monterrey, Nuevo León.
José
de León y un servidor, –amigos y discípulos del maestro– fuimos a solicitar
audiencia con el Delegado del IMSS en Tamaulipas, Lic. José Manuel Asad
Montelongo, misma que nos fue concedida inmediatamente, para entonces ya se le
había informado de la gravedad del paciente. Sin perder tiempo, giró
instrucciones para que se agilizara el
traslado.
Que
satisfactorio es, para el viejo Filósofo de Güémez, constatar que nuestras
instituciones están en buenas manos, en hombres de bien que llegan a cumplir la
tarea de trascender en base al servicio, que entienden que nuestras
instituciones, son el resultado de la solidaridad humana, que al ir más allá de las voluntades
individuales, cumplen con sus propósitos generales al coadyuvar a superar
problemas.
Todas
las instituciones tienen una serie de etapas sucesivas y sincrónicas: la
gestación, el proyecto, el arranque, el apogeo, la crisis y el sabio acomodamiento
a nuevas formas democráticas de vida.
En
la transición democrática que nuestro país vive, las instituciones nacionales
han tenido y mantienen un papel fundamental; por una parte, son producto de la
inteligencia preclara de grandes mexicanos, por otra el resultado del
entreveramiento generacional y educativo, de incansables esfuerzos para diseñar
y rediseñar instituciones, que sean el santo y seña de nuestra vida nacional.
Concluyo
con el humor del viejo Filósofo, que aprendiendo del humor del mexicano dice:
“No usar condón
es mágico: aparece un bebé… ¡Y desaparece un papá!”
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