EL FILÓSOFO DE
GÜÉMEZ
¡GRACIAS!
Por Ramón Durón
Ruíz
|
M
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e encanta el
poema “Gracias… Señor” de Lourdes
Malpica de F., a continuación lo trascribo:
“Quiero agradecerte con toda mi alma
Señor de los Cielos…
tu inmensa bondad
Por los días de
angustia y los días de calma…
Por los de
alegría… los de soledad
Por todos los
dones con los que me has colmado…
Sin yo merecerlo,
tanto me has brindado,
Un techo,
vestido… no me falta pan
Gracias,
porque tengo lúcida la mente
y con poesía te
puedo alabar.
Me ofreces a
diario generosamente
Belleza inefable
que es grato admirar.
Conservo
completo los cinco sentidos:
Mis ojos
contemplan el Cielo y el mar…
Oigo de las aves
los alegres trinos…
Percibo el aroma
de las flores de azahares
y tengo el
cariño de seres queridos…
A tu Madre Santa
llena de bondad
que es dulce
consuelo de los afligidos
Señor, Muchas gracias… ¡No te pido más!”
El tiempo enseña
a este campesino de Güémez, que los viejos somos más alma que materia, eso nos
lleva a ser más espirituales y en tanto, ser profundamente agradecidos, con el PADRE
por el cúmulo de enseñanzas que llegan acompañando el milagro de la vida.
Cuando el ser
humano ha sido tocado por el dolor, la enfermedad, la adversidad, tiene una
visión más rica de la vida, admira la policromía de cada amanecer, en toda su
majestad, expresa el agradecimiento por todo, de manera
más fácil.
Cuando vives en
sintonía con la gratitud, aprendes que hay tres caminos muy sencillos para
accesar a la abundancia: 1.- Vivir el HOY con pensamientos positivos. 2.-
Vibrar con emociones positivas y 3.- Aprender a ser agradecido.
En la lógica del
universo, cuando con tus ojos cerrados sientes en lo más íntimo de tu ser la gratitud,
con los ojos abiertos comprendes, porque reconoces que la vida está llena de
segundas oportunidades.
Cuando tienes la
sensibilidad de aprender a cultivar diariamente el lujo de la gratitud,
abonas tu jardín para que florezca el racimo de valores, que trasforme las
cosas triviales, en sustantivas y le den sentido de pertenencia y del logro a
tu vida.
En la medida en
la que los años corren, llega la plenitud al alma y con ella la secreta
sabiduría de saber que el tiempo de ser agradecido por lo que tienes, es el
presente, que sin que lo sepas, prepara tu vida para que recibas lo que
necesitas.
En las bancas de
la plaza de Güémez, cuando la tarde languidecía, el viejo Filósofo charlaba
amistosamente con los jóvenes del pueblo, sobre el poder de la gratitud,
cuando es interrumpido por su nieto que le dice:
–– Abuelo, en la
escuela dicen que soy bien mentiroso…
–– Cállate ‘abrón… ¡SI TU NI VAS A LA ESCUELA!
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