EL FILÓSOFO DE
GÜÉMEZ
ÉCHATE OTRA
FARÍAS
Por Ramón Durón
Ruíz
A
|
lbert Einstein
afirmó: “Hay una fuerza motriz más
poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica… la voluntad”
La riqueza de
nuestro pueblo reside en la fuerza de voluntad de nuestras
mujeres y hombres, voluntad que nos invita a ser mejor cada día, sabiendo que lo
que viene, no sólo es lo mejor, es espectacular para nuestra vida, ¡ah! y
tenemos el gusto de aderezarla con una pizca de pasión, otra de amor y con un
condimento infaltable: el buen sentido del humor.
En mi tierra, el
viejo Filósofo no es un personaje aislado en el paisaje humano de la cultura
popular, hay cientos de ellos, que con su ingenio enriquecen nuestro día a día.
Uno de ellos,
lleno de anécdotas y ocurrencias, es uno de los personajes más famosos de la
región cañera del Estado, el Mante, Tamaulipas, Don Jesús Farías Balboa conocido popularmente como “Don Chuy”.
Vivió en la
populosa colonia Obrera y trabajó en el Ingenio de esa ciudad, contrajo
matrimonio con la señora Alicia López de la Garza, con quien procreó tres
hijos: Francisco, Jesús y Silvia.
Una cuestión que
caracteriza a las anécdotas de éste célebre personaje, es con una sana
complicidad, con una imaginería inagotable, exagerando las cosas o agregándoles
situaciones increíbles, muchas personas le llaman mentiras, pero sirvieron para
hacer pasar un buen rato y llevar a reír a quienes lo escuchaban.
Una vez que
acababa con una de sus anécdotas, sus oyentes lo estimulaban a continuar con su
conocida frase: “échate otra Farías”,
misma que ha perdurado a través del tiempo y que se ha vuelto clásica para
animar a otras personas a decir una que otra mentirilla, o para hacerle notar
que no se le cree el “sucedido”.
Para ingresar
como socio al prestigiado “Club de Pesca Apolonio
Alcalá”, en el poblado de “La Pesca” Municipio de Soto la Marina, Tamaulipas,
se tiene que seguir al pie de la letra el lema que dice: “Cree todo lo que te cuenten; para que cuando cuentes… ¡seas creído!”
Pues contaba “Don Chuy” que gozando de unas merecidas
vacaciones, se fue a pescar a la Presa “Vicente Guerrero”, estaba en la lancha
en la cortina de la Presa, cuando como a las cinco de la tarde recibió una
llamada al celular, se le informaba que ese día, a las siete de la noche, en
Ciudad Victoria, el Gobernador le daba la audiencia que había solicitado.
Don Jesús, tenía
necesidad de platicar con el mandatario estatal, en virtud que le urgía
conseguir chamba a uno de sus hijos; la ocasión no podría ser desperdiciada.
Calculó el tiempo que emplearía de ir a tierra y de ahí en la troca a Victoria,
llegó a la conclusión que no le era suficiente, por lo que aprovechando que
traía maíz en sus bolsas, lo lanzó al agua. Atraídos por los granos, se dejó venir
un centenar de patos de gran tamaño.
Contaba que suavemente
se metió a bucear hacia los patos, agarró 16 de ellos, colocando las patas de 8
en cada una de sus manos; estos, al sentirse atrapados, aletearon, emprendiendo
vuelo; en el aire se dio cuenta de que iban volando pa’ Reynosa. O sea que iban
en dirección contraria, razón por la cual, con su mano izquierda les jaló las
patas, haciéndolos cambiar de rumbo hacia Ciudad Victoria, ‘onde aterrizó con
dificultad en el techo del edificio de Palacio de Gobierno… ¡por la antena de
radiocomunicaciones!
Estaba nuestro
célebre personaje, comentando a sus amigos acerca de las peripecias que se
viven con la afición a salir al monte. Contaba que cierto día en una excursión,
acompañaba a una “manada” de niños Boy Scouts
al Cerro del Bernal. Llevaban las cosas de rigor: casa de campaña, sleeping bag, lámparas, comida y entre
otras cosas, una pequeña hacha para cortar leña y hacer la clásica fogata.
Aunque la idea
inicial no era ir de cacería, el día del regreso, intempestivamente se les
atravesó un armadillo de tamaño descomunal. Rápidamente Farías pide a uno de
los pequeños exploradores el hacha y se la lanzo al animal, atinándole
exactamente en la frente.
Decía “Don Chuy”, el pobre animalito,
increíblemente, no murió, sino por el contrario, apresuradamente corrió, metiéndose
en el monte. Como a los nueve meses –contaba nuestro célebre personaje– regresé
exactamente al mismo lugar donde había visto al armadillo y ¿Qué creen?, ‘onde’
va saliendo el mismo animal, con el hacha todavía encajada en plena frente,
pero eso no es nada, el armadillo iba ahora acompañado de ocho pequeños
armadillitos, ¡todos ellos con una hachita encajada en su frentecita!
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