Reclutaremos algunos de los suyos, les prometeremos vida eterna, les llamaremos iniciados, pensarán que son uno con nosotros, les daremos a creer lo que nos conviene, nunca deben conocer la verdad, se les premiará con cosas terrenales y grandes títulos, nunca viajarán a las estrellas, al final pagarán por los crímenes contra los de su género. Pacto reptiliano.
En el mundo desaparecen 10 millones de personas anualmente sin dejar rastro, jamás se vuelve a saber de ellos, de esas proporciones 2 son niños 4 mujeres jóvenes y 4 adultos, en EU desaparece un niño cada 90 segundos, en España 14,000 en India 50,000 en México 45,000 en un condado de Inglaterra en 5 años desaparecieron 300,000, es alarmante.
Esto se da más en lugares de migración en cruces de fronteras, donde hay guerras, generalmente se atribuye a trata de personas, tráfico de órganos o a guerra de bandas, sin embargo hay otros que no dejan rastros, jamás se vuelve a saber de ellos.
Sin embargo según el científico Andrew Basiago hay un proyecto de la NASA llamado Pegasus y desde 1967 existe tele transportación para viajar a Marte, el manifiesta haber viajado 40 veces desde mediados de los 80s existen habitantes, una ciudad subterránea, se puede vivir sin trajes, es un terreno similar a Arizona..
Según él muchos de los desaparecidos los están llevando a vivir a Marte y a otros planetas, asesorados por los reptilianos. El plan es apropiarse de la tierra, romper nuestro libre albedrío y torcer el crecimiento de los seres humanos, manejan las economías del mundo en complicidad con los gobernantes nativos y están diseñando un nuevo orden.
Por ello todas las políticas sociales están diseñadas para destruirnos, se busca generar hambre y sufrimiento, cada vez más nos dirigimos a la autodestrucción. Muchos gobernantes del mundo sólo realizan los dictados del G7, se fomentan enfermedades, políticas “modernas” como poner a nivel de familia la unión homosexual, embarazo adolescente, alcoholismo y drogadicción, el ser humano comercializado como animal.
En México se está haciendo todo para que perdamos nuestra identidad nacional, se entregan los recursos naturales, nos endeudamos, nos matamos entre hermanos y no hay ni un dejo de cordura de la élite gobernante.
Hay declaraciones de los científicos que muchos niños sirven para alimento de estos demonios llamados reptilianos y de los viajes en el tiempo. Hay pruebas documentadas de esto por ejemplo en 1950 en la 5ª. Avenida en New York de pronto apareció un hombre de nombre Rudolf Fez que fue arrollado y muerto, sus ropas correspondían al siglo 18.
Entre sus pertenencias había monedas, billetes en perfecto estado y un recibo postal con fecha Junio de 1876, así como papeles de arrendamiento, se inició una investigación encontrando en una guía telefónica de 1939 el nombre de Rudolf Fenz Jr. Que acababa de fallecer a sus 70 años, entrevistando a la viuda esta dijo que su suegro desapareció sin dejar rastro reconociéndole.
Muchos gobernantes han tenido acceso a estos viajes por tele transportación, de ahí su soberbia y prepotencia hacia las criaturas terrestres, los reptilianos les prometieron vida eterna y viaje a las estrellas, pero no es así, ni los mismos reptilianos saldrán porque están confinados de por vida en la tierra, por ello su interferencia en nuestras vidas.
Los viajes al pasado y hacia el futuro ya se dan desde siglos atrás, los portales en el tiempo hay están en el triángulo de las Bermudas, el avión de Malasia desaparecido, los romanos en el pasado perdieron 3 legiones que no dejaron rastros, los dibujos del vaticano que datan de 1600 aparece el satélite Sputnick soviético en las manos de Dios padre.
Todo ello nos habla de viajes al pasado, sin embargo lo que la humanidad no debe olvidar es que el libre albedrío es algo que ni dios padre, dios hijo o dios espíritu santo nos limitan, por lo que no debemos perderle bajo ningún motivo, el presente nos pertenece, el pasado y el futuro no.
Los gobernantes y las élites de poder no podrán nada contra nosotros si nos dominamos a nosotros mismos y somos capaces de construir el mundo que queremos.
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