EL FILÓSOFO DE GÜÉMEZ
¿…LOS HOMBRES SE VAN AL INFIERNO?
Por Ramón Durón Ruiz
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L
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a gente me
pregunta: ¿por qué trato la política con humor?, “porque el humor se ha puesto de moda”,
resulta cada vez más gracioso que una caricatura, es mejor que cualquiera de
los chistes del afamado “Pepito”. Sin lugar a dudas, nuestros políticos
nacionales han hecho que el humor sea rentable.
Cada que doy una
conferencia, la gente me pide que hable de la política desde la óptica del Filósofo,
será porque al reír de la política y sus políticos, encontramos el más sano
resquicio de expresar el desacuerdo con la ausencia de resultados en el país,
en donde quisiéramos pasar de “El
sufragio efectivo… a la democracia efectiva”
Pero no ha sido
sólo la eficacia y contundencia del humor, lo que nos lleva a ver través
de su cristal la política nacional; también, porque mediante él, pueden
tratarse los asuntos más serios del país, desde una visión que en vez de
utilizar los retruécanos de la palabra o un lenguaje oropelesco, –que pocas
veces se entiende–, simplifica la vida; para
el mexicano el humor puede ser un correlato de la nostalgia o una excepcional
manera de procesar nuestra tragedia democrática.
El tiempo me ha enseñado
a encontrar la diferencia entre el chiste y el humor, ésta radica en que
mientras “el chiste te hace reír; el humor
te lleva a reflexionar” Y es
precisamente eso lo que busco: una reflexión en voz alta, una deliberación
colectiva del acontecer nacional.
Pareciese que al
observar los acontecimientos políticos desde la generosa óptica que el
humor
provee, la ausencia de talento para la reconciliación nacional de
nuestros actores políticos duele menos, nos aleja de la irritación, nos hace
más piadosos con nosotros mismos… y hasta con ellos.
El humor puede tener algo de redentor, puede hacer –parafraseando a Roberto
Benigni– que incluso “hasta en las
grandes desgracias, nuestra vida sea un poco más bella”. Es esa predisposición de ánimo que nos
es curativa, restauradora, terapéutica y sanadora, porque nos lleva a
encontrarle el lado bueno a las cosas de la vida.
El humor, es una poderosa energía vital que nos ayuda a descargar las emociones
negativas que nos ha sido difícil procesar, a desinflar las presiones y el
estrés que la modernidad trae consigo, auxiliándonos para poner las cosas en su
sitio, llevándonos a experimentar el optimismo y con él, el placer de la vida,
el milagro del HOY, generando un estado excepcional de armonía y bienestar en
nuestro organismo.
Deseo hacer camino
al andar, viendo la cotidianidad como una cultura de amor y de humor;
mientras en la vida encuentro personas que buscan victimizarse siendo fatales o
trágicas, el viejo Filósofo busca como opción existencial agradecer a mi Señor,
el milagro del nuevo día mediante el humor, que es la manera más sana
y hasta encantadora de agradecer las bendiciones de la vida.
El humor te transmite el mensaje de que estas en el aquí y el ahora, –a pesar
de todos los problemas, adversidades y sin sabores–, destinado a vivir,
triunfar y ser feliz.
El viejo campesino
con las enseñanzas que le han dejado los años, ha aprendido que la alegría que
produce el sentido del humor, además de ser altamente
terapéutica, es una evidencia de la paz y la sabiduría que anida en el
interior.
A propósito de humor, el hijo del
campesino de Güémez le pregunta al Filósofo:
— ¡Apá, apá!, ¿es cierto
que los hombres se van al infierno?
— Los solteros hijo, –responde
el Filósofo–, porque los casados… ¡LA
PAGAMOS AQUÍ MISMO!
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