EL
FILÓSOFO DE GÜÉMEZ
PO’S
ESO ES LO QUE TE DIGO…
Por Ramón Durón Ruíz
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H
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oy me permito parafrasear a Rudyard Kipling “La más
humilde mujer puede manejar a un hombre inteligente, pero es necesario que una
mujer sea muy sabia para que maneje a un ‘endejo”.
No en balde
el Filósofo de Güémez afirma: “En mi casa
no tengo problemas; cuando mi vieja grita, ¡Yo me callo!; Cuando yo grito… ELLA
ME CALLA!
El presente artículo está
dedicado a ti mujer, que eres el
principio de los valores que llevan al mundo al encuentro con la paz, la
reconciliación y las grandes tareas, porque eres un Ángel que está conectada
con la sabiduría, a través de tu sexto sentido, porque enseñas al hombre a
volar con dos alas: el amor y el humor, que lo llevan a enfocarse en sus sueños, no
en los posibles problemas, lo llevan a tener clara una visión positiva de la
vida.
El amor y el humor se aprende de Mamá
en casa, te recuerda que la vida es sabia, todo lo que das, es lo que deseas
recibir, éste Filósofo da humor con amor, porque es una manera
sencilla de dar las gracias a usted por conectarse conmigo a través de la
lectura y a mi PADRE DIOS por regalarme un día más de vida, que le fue negado a
otros.
La génesis de la vida está en el amor
de una mujer: Nuestra Mamá, cuando te amas profundamente todos los
días, tu existencia cambia, se transforma en un haz de luz, te enseña a
respetar las diferencias y a agradecer lo que te une a otros, entonces te das
cuenta de lo que es la inmensidad de la vida, por ello acéptala como llega,
porque llega para tu bien.
El viejo Filósofo tiene un amor
profeso por el humor, es una increíble experiencia mental-espiritual-física que cada nuevo amanecer además de que
cautiva tu vida, es un saludable ejercicio en tu humano viaje, que al liberarte
de las emociones toxicas, hacen más placentera tu acción vital, recordándote
que “donde entre el humor… sale el doctor”.
El amor y el humor, te conducen a
entender que es más sano vivir en paz, que presumir el ser dueño de la razón,
haciendo tus tareas bien, a la primera y con tal emoción, que quede pintado tu
semblante en cada faena.
El amor y el humor, son energía vital
que te enseñan a dejar de sentir las adversidades del pasado y a dejar de
sufrir por los problemas del futuro, –que nacen de tu imaginación– para vivir
el HOY con tal sentimiento, tal alegría que hasta “el diablo diga: en la madre… ya se levantó este ‘abrón”.
Vivir bajo la influencia y con el
impulso creador del amor y del humor, es una experiencia única, tan placentera como
inolvidable, que me lleva a gozar el aquí y el ahora a plenitud, porque nada
llega por casualidad, HOY estas en el lugar exacto, en el momento correcto, en
el tiempo puntual, para triunfar y ser feliz.
El amor y el humor, te enseñan que
cuando la enfermedad llega –enfermedad viene de in firmus, sin firmeza– es debido a que vas contra corriente,
dañando tu Maestro Interior, entonces aprendes a no forzar nada, porque es a través
del amor
y el humor que surge la firmeza y el temple a tu carácter, al impulsar
tus sentidos para que fluyan con el río de la vida.
El amor y el humor, facilitan tu evolución
espiritual y el crecimiento emocional, reconoces que todo llega como una
enseñanza, porque en el cosmos no existe la casualidad, sino una sincronía con
el universo que alumbra el camino al encuentro de tus sueños, aumentando tu tono
de ánimo y fortaleciendo el sentido del logro.
La magia que poseen el
amor y el humor, en cualquier circunstancia impulsan tu imaginería, abren
tu alma para que te vislumbres con la inagotable policromía del universo, te
llevan a vivir la apasionada aventura de la vida, encontrándote cada alborada
con algo maravilloso, diferente, emocionante, que te da una percepción
enriquecida del presente.
Resulta que “el Filósofo de
Güémez le dice a su señora:
–– ¡Vieja!, los amigos
se van a reunir en casa de Uriel Rosas, pa’ cenar, ‘quesque’ pa’ celebrar el Día de la Mujer, ¡viejita linda…! ¿Me das
permiso de ir?
La señora secándose las manos en
el delantal, le dice:
–– Camarón que se duerme… ¡Que
con su pan se lo coma!
–– Po’s eso es lo que te digo… ¡TU TAMPOCO VAS ‘ABRÓN!”
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