EI
FILÓSOFO DE GÜÉMEZ
FELIZ
DÍA DEL MAESTRO
Por
Ramón Durón Ruiz
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H
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OY me permito parafrasear la
siguiente historia que cautiva: “El Maestro tenía una natural educación
y un amable trato con los demás. Una
noche, uno de sus alumnos llevaba al Maestro a su casa en automóvil, el
joven discípulo se mostró grosero con un agente de tránsito, y en su propio
descargo le dijo a su Maestro:
–– Me gusta ser yo
mismo y que la gente sepa exactamente cómo me siento… la cortesía no es más que
aire.
–– Eso es verdad, –dijo en tono conciliador el Maestro–-, pero recuerda que también aire es lo que llevamos
en los neumáticos… y fíjate cómo suaviza los baches.”
La moraleja es formidable: “Un Maestro es el que te enseña a suavizar
los golpes que te da el camino de la vida” Como dijo el brillante sacerdote jesuita Anthony de Mello: “Hay dos tipos de educación, la que te enseña
a ganarte la vida… y la que te enseña a vivir”
Cuando se llega el 15 de mayo, recuerdo con veneración y respeto a cada
uno de mis maestros, a los presentes y también a los que partieron a rendir
cuentas al hogar paterno, lo hago con la gratitud de saberme embebido por la
fuente de su sabiduría, por haber tenido el honor de que modelaran mi alma, el
privilegio de haber sentido el oficio divino de su trabajo.
HOY, millones de Maestros por toda la
geografía nacional, hacen patria desde la escuela, para que sus alumnos accesen
al inagotable universo del discernimiento y el conocimiento, sabiendo que la
violencia y el desorden no entusiasman a sus alumnos; trabajan en construir los
cimientos de una nación reconciliada en el acuerdo.
Benditos sean los Maestros de México que tienen la
virtud de dejar huella para la eternidad; nunca se puede decir cuándo se
detiene su influencia, es el magisterio, la más noble profesión y vocación de
vida que puede poseer el hombre, ilustra a sus semejantes, siembra en sus
alumnos la semilla de la esperanza, de que cada nuevo amanecer siempre será
mejor; esa esperanza de verlos escalar alto y merecer mucho.
Los viejos sabios de Güémez –Maestros por derecho propio–dicen
que “a las plantas las endereza el
cultivo; a los hombres, la educación; cuando se es un educador siempre se está
en el lugar apropiado en el tiempo correcto, jamás habrá horas malas para
aprender”
A todos aquellos que ejercen el apostolado y la eminente profesión de Maestro,
su amigo el Filósofo de Güémez, les envía mil
bendiciones, mi gratitud y respeto que simplifico en una frase: ¡FELIZ DÍA DEL MAESTRO!
El Maestro es también forjador de conciencias, promotor social,
actor que con su ejemplo invita no a sembrar para sí, sino para México. Con tal
motivo comparto contigo la siguiente reflexión.
ORACIÓN DEL MAESTRO
“Señor, HOY que la luz del alba ilumina mi vida,
“Señor, HOY que la luz del alba ilumina mi vida,
permíteme que te encomiende mi trabajo,
serMaestro es la vocación de mi vida,
dame la paciencia de Job y la sabiduría de María
dame la paciencia de Job y la sabiduría de María
para formar nuevos y mejores
mexicanos,
enséñame a aprender y también a
enseñar,
permíteme querer y respetar a
mis alumnos,
con la misma ternura que tú nos
amas a nosotros,
Padre, soy la extensión de tu trabajo,
Padre, soy la extensión de tu trabajo,
dame sabiduría para conducirlos
por el camino del bien,
pon
en mi boca las sabias palabras que les guíen
y les enseñen para la vida,
que desarrollen sus sentidos, inteligencia y
espíritu,
permíteme reconocer sus
capacidades y habilidades,
a darles ánimo para la vida y
que no quebranten su espíritu, reconociendo sus éxitos,
motivándolos para seguir
adelante,
enséñame a descubrir y potenciar
sus aptitudes,
a enseñarles más que con mis
palabras, con mi ejemplo,
al luchar contra la ignorancia,
permíteme proponer, no imponer;
acompañarlos y cuidarlos en su
crecimiento,
permíteme enseñarles a
simplificar sin restar esencia,
enciende fuego en mi alma, para
llevar luz en mi corazón,
cuando enseñe a mis alumnos haz
que mire mi corazón,
gracias Padre por permitirme
cooperar para crear un mejor mundo para el mañana”
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